Maru

mano-de-gato-y-humana
©Miyoko

La fotografía…mi sangre, los detalles lindos de la vida…mi motor y en este fin de calendario…este es un excelente ejemplo de ello. Maru

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Humedad

©2015 Yolanda Morales Villaseñor
Derechos reservados

Hemos llegado dice Tania, después de un camino relativamente corto en auto- en las afueras de la ciudad allá en una colonia ya un poco dejada en el olvido con sus calles anchas pero irregulares, aceras tan altas y deformes por el paso de los años y poco mantenimiento, de algunas brotan algunas mechas verdes de hierbas que tímidamente muestran pequeñas flores de colores, que aunque no se crea poseen una belleza peculiar salimos del auto y nos dirigimos camino abajo hacia el sitio que Tania señala como el lugar en el que habita su tía, espero que haya regresado de oír misa me comenta -pues siendo domingo y ya una persona entrada en experiencia pues no me agrada contar en años, es de costumbres que no falte a ese ritual que alimenta el alma-, permanezco de pie atenta a la losa avejentada erosionada por fuerza del tiempo, del viento y de la incesante humedad que ya le ha dado vida a cada grano de concreto de ella, mi vista recorre cada centímetro de la fachada, que se aprecia sumida y fría contrariando la atmósfera al exterior, mis huesos requieren un poco de más sol antes de ingresar a este cubo frío y oscuro, Tania avanza hacia el zaguán picado por acción del óxido propio de la humedad que emana de todos lados de la casa, golpea fuerte la lámina mientras me comenta que su tía ya casi no escucha, en mi imaginación se comienzan a trazar pasillos, habitaciones, escaleras y puertas…algo muy propio de un arquitecto dimensionar los espacios para prever recorridos, del interior se escuchan pasos que arrastran cansancio y rutina, los zapatos que emiten tales sonidos chocan con algunos charcos de agua, tal pereciera que estamos por ingresar a un barco hundido, la puerta se abre seguida de un chirrido de las bisagras que no han sido aceitadas desde hace muchos ayeres, su rostro es delgado y lleno de arrugas, los ojos se alegran de vernos, sus manos aún fuertes y firmes sostienen una escoba greñuda con algunos restos de pelusa, el vestido me remonta a uno de esos pueblos que en la infancia visité, largo hasta los tobillos lleno de flores pero color gris rematado con un mandil beige y de olanes, ella es doña Tere me dice Tania, es la señora que vive aquí en casa de mi tía, ambas se hacen compañía pues sus hijos ya no ven por ella…instintivamente suspiro tan profundo que provoco que Tania me lance una mirada de ánimo-ella sabe que ese tipo de escenas no son de mi agrado, hijos abandonando a sus padres- la señora Tere nos hace un gesto de invitación a ingresar, nos comenta que la señora Lupita está adentro en una de las habitaciones, mis ojos están luchando por acostumbrarse al cambio radical de luz, pues de pronto ingresamos a un espacio oscuro, frío y húmedo como si se ingresara a una cueva, el tin, tin, de las gotas de agua que chorrean no de esperadas estalactitas sino de esa losa, que en el exterior me anticipara lo que iba a observar-esa maña adquirida de los arquitectos, pre juzgar los espacios con un recorrido visual, me agrada cuando me hallo en lugares que no preví-.

Mis ojos ya un poco más habituados a la luz fijan la mirada en el suelo lleno de agua y que presenta la evidencia que doña Tere había tratado inútilmente de llevarla a ese trozo de jardín improvisado por el tiempo debajo de la desquebrajada escalera de concreto y de cuyo cubo de luz se derraman algunos destellos, me dirijo hacía ella pero la voz de Tania interrumpe mi objetivo, ¡ven! mira aquí vive doña Tere, ingreso hacia esa otra habitación cuyo ambiente no varía, muros de concreto desgastado, ladrillos carcomidos por ese líquido vital para el ser viviente pero que como los japoneses rezan, el agua es el elemento más fuerte de todos, y vaya que aquí está imperando su poder. Inmediata a la puerta angosta que es su acceso hay una estufa amarillenta con el horno lleno de trastes, sobre las hornillas un posillo desportillado que contiene el café caliente que doña Tere se dispone a desayunar, nos muestra el espacio de su recámara que contiene además de la cama, el piso y un ropero colmados de recuerdos y pertenencias que alcanzó a sacar de la casa de la que sus hijos la despojaron…

Doña Lupita sale de uno de los tres cuartos vecinos a su inquilina, una mujer de baja estatura que a pesar de vivir entre las ruinas y de un pasado mal trecho nos lanza una cálida sonrisa, está ataviada casi igual que nuestra anterior anfitriona, llama mi atención sus ojos negros redonditos e inquietos, y enmarcando esa mirada que aveces sonríe y en segundos lamenta su pasado una bufanda tejida a mano bicolor, vaya que le hace falta ya que dentro de esta nevera no hay otro medio para mantener el pecho caliente. Tania le expresa que estoy ahí para revisar el área, para que yo le pueda explicar que su estadía más tiempo entre esas ruinas es una amenaza latente no sólo a ella sino también para doña Tere y la niña que ahí habita-cosa que me dejó de piedra, vaya situación más apremiante el que una pequeña resida entre estos muros que cada segundo que pasan amenazan su corta vida- le lanzo a Tania una mirada con dejo de interrogante, sin que yo la formule con mi voz me responde, sí aquí vive una pequeña a la que han abandonado y que mi tía a su edad está cuidando, vaya situación, ¿de qué estamos hechos los seres humanos que nos abandonamos entre nosotros, siendo que somos lo único que realmente vale?, una pequeña y en dónde está, le pregunto, ella se gira a cuestionar a su tía pero ella en su papel de guía de turistas nos va llevando por el pasillo semi-cubierto  para que me disponga a que revise la casa, entro a una habitación azul, de un azul desgastado y lamoso con un fuerte aroma a musgo, intento encender la luz pero ella se adelanta y me dice, es inútil no hay foco ya no lo prendemos porque comenzó a salir agua por los cables, mientras enciendo la lámpara de mi celular continua explicando que esa solía ser la recámara que compartía con su viejito, mientras lo explica sus ojos de nuevo dibujan tristeza, para no empeorar la escena hago un intento de cambiar de tema señalando uno de los cuadros que aún cuelgan en la habitación, y me cuenta que era de la época cuando era muy joven… me dirijo hacia el fondo de la habitación y al alzar la mirada…la losa ya asoma sus varillas de refuerzo, el concreto en partes está desprendido y en una esquina un polín sirve de apoyo a esa reliquia de losa.

La tercer habitación de la que se apoya de escalera de concreto del patio, está completamente inundada, doña Lupita me cuenta que su viejito debía ir de vez en cuando a conseguir viruta de cera de la fábrica cercana para colocarla en el piso y que dejara de emanar agua del suelo, pues me señala que el agua viene de todos lados, de los muros, del techo y de ese viejo pozo que hemos tapado para que la chamaca –refiriéndose a la pequeñano se nos caiga pá dentro. Le hago señas de querer subir, se adelanta mientras Tania me expresa estar muy preocupada por ella, pues desde hace tiempo se niega a salirse de ahí, me cuenta que el polín lo ha colocado protección civil, pero que su tía después lo cambio de lugar porque le estorbaba-creo que ha cierta edad nos vamos haciendo indiferentes a los efectos colaterales de nuestras decisiones- intento buscar un espacio seco en el piso para no resbalar mientras enfoco el camino hacia ese espacio de luz en la escalera, su tía ya nos aguarda arriba, el barandal que tuviera mejores tiempos de solera de acero ya le quedan pocos remaches y se tambalea al ritmo de mis pisadas en los escalones de concreto y ladrillos, la planta alta está repleta de plantas, de hermosas suculentas y enredaderas-¡hay como me recordó el patio superior de casa de mis padres!- observo a Tania y le comento que esta casa ya es un peligro, de milagro sigue en pie, su tía se mete a un cuarto improvisado de madera y ladrillos y ahí al fondo de la habitación está la pequeña, tendrá unos 8 años de lo que fuera una larga cabellera su cabeza solo posee un corte tipo soldado raso, después su tía nos contó que se lo cortaron porque se llenó de piojos…Dios, qué infancia…

El miedo tiene muchos matices, y en esta ocasión doña Lupita nos comunica que tiene miedo de salirse y no saber que hacer, qué hará de la niña, qué hará doña Tere…la costumbre ha echado raíces y el temor ha sido su tierra fértil y no se mide lo que ahí sucede, Tania intenta consolar su llanto, le externa que no debe preocuparse pues ellas tendrán cobijo en su casa, lamenta la situación de doña Tere pero no puede hacerse cargo…es una de las explicaciones más complejas que me ha tocado dar, el porque debe dejar lo que reconoce como hogar.

La herencia…

Recuerdo el tipi…tap del martilleo, un sonidito que le daba ritmo a mis días, y cuando el alba acusaba en el horizonte, se frenaba para continuar a la mañana siguiente, así comenzaban mis tardes después de la escuela, el martillito de zapatero golpeba las cabecitas de los clavos que unos minutos antes estaban refugiados en sus labios, esos labios anchos y llenos de pelitos, que una vez dibujé en un viejo cartón de medias de mi madre con crayón verde., entre murmullos y para mi sorpresa infantil esos labios repletos de clavos susurraban canciones que colmaban el patio de mi casa, esos bellos recuerdos siempre permanecerán en mis memorias.

Si cierro los ojos, aún puedo verlo sentado en un viejo banco de fierro plegable oxidado, con un trozo de mezclilla mal cosida como asiento, un trozo de palo astillado en el que clavaba su moldura de fierro viejo con forma de zapato en la que acomodaba meticulosamente el calzado al que le colocaría las tapas y suelas fabricadas por él…los muros del patio repletos de plantas colgantes sembradas en botes de chiles y cubetas que al paso de los años van perdiendo su color, sobre el lienzo blanco de los muros puedo ver esa cenefa color marruecos que una vez pinté a todo lo largo, con motivos de flores y que por fuerza del amor que impregné aludo que aún permanecen pigmentados sobre los ladrillos que estos dos bellos viejecitos colocaron con sus manos, ese patio en el que se partió media docena de macetas de barro de manos de mi madre, pensando que era la olla de la piñata que en compañía de mi hermana habíamos fabricado…

Entre las macetas del piso se asoma algo con un poco de brillo, me inclino hacia la mala madre que no tiene más espacio para seguir botando a sus hijos, de entre las hojas saco un clavo grande, un poco chueco, es un clavo para la carpintería, de nuevo él regresa a mi memoria de cuando en el patio de arriba lo auxiliaba como peón de obra para poder tener al fín una habitación más grande, y que las guerras campales en un cuarto de 3×3 mts se terminaran, al fín tendríamos un espacio amplio y con “privacidad”, si a hacer más grande la habitación sin cabida para una puerta extra se le puede denominar así…pero no importaba yo sería el peón de esa obra negra que le daría forma a ese rincón en el que nuestra adolescencia tendría más formalidad. Él tomaba un trozo de madera sin cepillar y con esa añeja costumbre de almacenar los clavos en sus labios me dijo “agarrale fuerte”, cosa que cual soldado acaté a la brevedad, y clavó el primer trozo metálico, en mi imaginación se desenvolvió aquella escena vista en la T.V. -ese aparato que muchas veces sirviera de mi maestro, cuando había algo digno de observar- en la que un hombre concentrándose de un solo golpe introducía el clavo a un trozo de madera similar, mis ojos se abrieron y mi emoción fue tal que, le compartí mi proyecto formulado como una pregunta, quizá esperando una respuesta afirmativa ¿Crees que sea posible que si me concentro pueda meter el clavo de un golpe?, sin embargo obtuve el ¡No! ya conocido, te vas a lastimar-después de tantos años aveces cuando recuerdo esta escena, me doy muchas explicaciones, quizá ese ¡No!, fue por tener como base todos esos miedos heredados de generaciones, quizá por no creer en su propia frase “todo está en la mente” o simplemente por cuidarme- pero mi entereza y ese sonido negativo fueron la chispa que detonó mi joven orgullo de creer en mí, a lo que sólo le dije mírame, y para sorpresa mía y con el cerebro más que concentrado, lo ¡logre!, ¡sí! lo metí de un golpe, y él impávido ante la escena, sólo murmuró…dame la otra tabla, en ese momento entendí, que sí ¡Todo está en la mente!, así que pues mi querid@ tú, sé caut@ con lo que permites entrar a esa cabeza tuya, si es una bola de pelo y garritas heredada ¡Atención!, si la alimentas puede crecer…pero si lo que fomentas es la garra pero de no dejarte vencer, esa es la mejor herencia que yo estoy por rescatar.

B 612

Los cristales de mi habitación de pronto se tornaron de un azul profusamente oscuro a un azul tan claro que invita a conocer el mundo, ese cambio que emerge casi de la nada pero que el viejo mundo y las costumbres de Pachamama de mostrar que es poseedora de una gran paleta de colores insiste en verter sobre mis ojos tal variedad, que en ocasiones es difícil resistirse, pero esta vez no creo que logre mucho para convencerme… ese viejo árbol cuya especie desconocida para mi, golpetea una vez más como todas las mañanas mi ventana, con tal insistencia como gritando que el tiempo transcurre entre sus hojas… y mientras yo, ahí viendo la vida pasar y sin ánimo de posar los pies en la tierra, ¿para qué? si cada vez que flotas y  que vas más arriba no falta la cerbatana que poncha tu globo y ya que te caes solo unos cuantos miran o para constatar que ya no te levantes o para correr a tirar más fuerte de la cuerda que se enredó en mis piernas.

Pero esta vez no, Pachamama no tendrá victoria con su seducción de luces, sombras, colores y texturas, ¡no!, de pronto ¡Pum! un sonido seco y perturbante corta mis pensamientos deprimentes y amargos…se acerca, ya viene, jadeante y estrepitoso como todas las mañanas, ¡zas! ya está sobre de mí y no para de besarme secundado por ella…mis dos amores esas bolitas de pelos que no permiten que me vaya desvaneciendo lentamente en mi oscuro pensamiento, él sacude mi cama para que ya ponga pies en tierra firme y ella exige amor, uno lame mi rostro y la otra se rueda en el piso para ser merecedora de las caricias. Pachamama lo hizo de nuevo, esa vieja bribona siempre tiene la última palabra, a conseguido sacarme al fin de la cama, vamos pues a enfrentar a ese mundo lleno de estrellas repletas de números, faros que se prenden y apagan, y pseudo artistas que juzgan a la ligera una feroz serpiente y lo pasan por un simple sombrero…

Camino a las barracas de lodo…la mañana se torna muy bella, la felicidad se muestra en los sitios menos sospechados, un par de cachorros cuyo hogar es la calle más no por ello muestran actitud deplorable hayan la diversión en un palito seco, sus patas trazan en la acera una danza armoniosa que invita de dejar los pensamientos fríos, son cuidados por un anciano que todas las mañanas posa su carro lleno de sus recuerdos y cacharros debajo del puente de metal, posado al sol pues imagino que las noches no han de ser de lo más cálidas, mientras él ajusta las cuerdas de su equipaje ambos cachorros continúan su danza y si miras bien parece que sonríen, un suspiro profundo me hace de nuevo poner a flotar ese globo ya muchas veces parchado y decir ¡qué más da!, si la vida esta plagada de cosas grises también habrá cosas que revientan de colores…

¡NO MÁS!

Es simple…bueno al menos eso se cree hasta que lo miras cara a cara, la humedad de su terrible aliento te ahoga la garganta, tu respiración se entre corta, tus labios se hacen uno solo, intentas tragar saliva…pero tu boca no la genera, el poco valor que te queda te dice a gritos que debes mantener los ojos abiertos para no demostrarle que tiene un sumo poder sobre de tí pero no lo consigues, desvías la mirada para no concentrarte en esos terribles dientes afilados que amenazan con tragarte la cabeza cada vez que dices ¡NO PUEDO!.

Los milagros existen, pues de milagro las piernas no se te han desarmado de la tremenda temblorina que golpetea el fémur de tus rodillas, los tendones te comunican que quizá no soporten por mucho sin embargo harán lo posible por no abandonarte si debes correr…UNA VEZ MÁS.

Tus manos… ¿manos?,¿a caso traías las manos puestas?, ah sí, es eso que te cuelga de los dos largas tiras de carne y hueso llamados brazos que están generando más agua que un manantial, con movimientos suaves para no inquietar a tremendo monstruo las pegas a tus ropas intentando que la tela sea lo suficientemente absorbente como para no permitir que el suelo atestigüe tu vil cobardía.

El ambiente se torna algo borroso quizá es tu presión arterial que te está indicando que estás a punto de secundar al papa en besar el suelo, la confusión se comienza a apoderar una vez más de tu interior, el cual entre sollozos te dice ¡vamos corre!, con efecto gaussiano tu contexto pinta en varias tonalidades de gris a negro…y al centro de ese negro intenso emergen esos dos ojos ardientes de ira, los mismos que te han perseguido a lo largo de tu vida, esa que ya no puedes llamar de esa manera sin perder el aliento.

pero entonces sucede algo extraordinario, algo que jamás imaginaste poder hacer antes, ya los kilómetros recorridos por tremendas carreras ya han desgastado los zapatos…un impulso eléctrico te recorre la espalda y de súbito levantas la mirada y fijas la vista en esos terribles ojos negros llenos de pliegues, con ojeras profusamente marcadas y entre cada calle de carne y poros, pelos tan gruesos y retorcidos que parecen tener su propia vida, los ojos se entre cierran amenazantes y escuchas resoplidos más profundos y roncos que estremecen los muros, pero eso no te detiene y levantas la cabeza,de tu garganta emana como un murmullo…ya no más.

La bestia clava las garras de las patas al suelo en señal de reto, escuchas el crujir del pavimento y como bajo tus pies  el acabado áspero que se abre y desprende de su hocico babeante, hambriento de tus cada vez más apetecibles impedimentos, exhala un rugido con seña de burla, pero tú tragas aire tan profundo como aquella vez que intentaste nadar un poco más lejos para acallar las burlas, y con la voz punzante de quien también propiciara los primeros alimentos ricos en pavor y desgano…TODO ESTÁ EN LA MENTE., repites una vez más…¡ya no más!, la bestia resopla con mayor fuerza contrayendo las manos de las que salen tremendas garras afiladas hechas de hueso y llenas de sangre, tú sangre, pues es de ello de lo que se ha mantenido viva,de tu interior y dejando rastros de ti para que no te pierdas tan fácil, pues eres su presa y materia prima indispensable para ella, y precisamente en eso reparas tus pensamientos que no dejan de taladrarte con tormentosos alaridos que te ordenan huir, dejarlo todo así, más sin embargo empuñas tu orgullo y recuerdas todo aquello que ya haz perdido por falta de ímpetu, todo lo que alguna vez anhelaste con tanto fervor que dejaste que se hundiera entre las sombras de esa apenas pequeña cría de temor, y aunque con el corazón casi por fuera y con más ganas de emprender la marcha gritas con todo tu ser…¡ NO MÁS!, no más alimento a esa terrible fiera que lucha por hacerte sucumbir, ¡no más alimento de tu propio ser, a esa asquerosa masa amorfa que sólo consigue frenarte. ¡NO MÁS! poder a las cadenas y al paralizante temor a eso que no te atrevías a mencionar hasta hoy, ¡NO MÁS MIEDO AL MIEDO!.

El inicio

No hay mayor verdad, que la sentencia previa de quien te conoce más de lo que debieras hacerlo tú, algún día…yo en mis tiempos…la vida da muchas vueltas ya lo verás…palabras taladrantes y desgraciadamente tan germinadoras en terreno fértil, que de poco en poco han dado sus frutos, tan podridos y amargos cuyo resultado es el freno más poderoso al espíritu, es ahora cuando después de tantos pero tantos auto convencimientos de lo que no es posible, ahora he decidido comenzar a imponerme mis propias reglas, mis propias metas y a sembrar mis propias semillas, a pesar de que con cada golpeteo de tecla el corazón no deja de golpear mi pecho y las manos comienzan una vez más a humedecer el plástico del ordenador.

El mundo y los grandes personajes llenan el aire de clichés, de lo que debes o no hacer, y aunque yo no soy un gran personaje reconocido por la historia y humanidad, puedo decirte que dejar que los miedos de alguien más consuma tus metas es el peor error que puedas hacer, si vas a emprender algo que sea con tus inicios, con tu propia marcha, toma sí la experiencia más no la vida de aquel que te dice no se puede.

Este es ahora mi inicio, uno que antecede el año que comenzará y no como un propósito ridículo de un tiempo que inicia, sino como mi meta personal para no permitirme más tropiezos por miedo al vacío, por miedo al error, por miedo al miedo.

Y ahora bien mi querido ¡Tú!, a qué le temes más en el mundo que estas dispuest@ a enfrentarlo sin nada que perder…más que el miedo.