run…

Ansiedad no de tenerla en mis brazos como dice la canción, sino ansiedad de que mis piernas me lleven lo más lejos de este punto, las manos se mueven solas con un ligero temblor me indican que mi cuerpo pretende derramar el estres de alguna manera y que ya no será suficiente fingirle al mundo que no pasa algo…algo que el cansancio se cuelga en mis párpados y la fatiga en mi cuerpo se ha mermado. Las voces continúan su canto y mi mente en algún punto las bloquea, ya no quiero escuchar que estaré bien, quiero sentirlo, quiero vivirlo para poder por fin dormir profundamente.

Quién dijo que emprender de nuevo la marcha seria cosa sencilla, definitivamente no se ha dado a la tarea de salir de su zona de confort, romper con la auto rutina por miedo al miedo resulta ser más complejo y en ocasiones interesante, cuando estas apunto de claudicar siempre hay algo de valor en lo que tu dijiste ya no habría nada, de aquella caja azul que aun mis manos no llegan a descubrir que guardé en ocasiones emana luz en medio de tantos estantes viejos.

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Tos.

Frecuentar lecturas de auto superación y ver películas de mujeres que vencen sus miedos y represiones se me está haciendo habitual, quien diría que yo el cascabel pasaría a nutrir con sonajas artificiales mi estado de ánimo, ahora se suma esa tos molesta que no me deja en paz, quizás el frío constante de ese sótano ya esta haciendo estragos en mi salud, y se le suma la infinidad de silencios que oculto en mi pecho… de nuevo estoy de pie ante esa puerta rota, esa misma puerta del picaporte oxidado y las bisagras desvencijadas, extiendo la mano para dar un empujón esperando no sea esta la ocasión en que la puerta por fin se desprenda del marco de esta añejada bodega, hoy tengo ánimos para continuar revisando las cajas pólvosas y limpiando anaqueles, los recuerdos se acumulan y aveces siento que el tiempo se me acaba…por ello de tanto en tanto me dedico a presionarme cual adolescente se enajena con un barro en su rostro, aveces la presión es tal que ni yo misma soporto. 

Ya por lo menos en las noches puedo conciliar el sueño, si la tos no hace de las suyas, sueño con situaciones bastante extrañas, quizá son mis propias represiones porque ni en mis sueños puedo dejar de cumplir las reglas establecidas por una sociedad de doble moral, ya son menos frecuentes los instantes en los que sueño que tengo el poder de hacer que mis pies dejen el piso y levante el vuelo como un ave migratoria que va en busca de un ambiente más cordial. 

Las aves…esos animales peculiares en todas sus variedades que aun en su pequeñez pueden elegir a dónde ir, pero que son participes de un reglamento de la naturaleza.

Ayer me dí cuenta que sufro de una ansiedad juvenil de la que no atravesé por continuar el camino que me trazaron, sin cuestionarme que hay detrás de las montañas, y aunque hubiese más montañas habría conocido que hay entre ellas, de ese espíritu de aventura ahora queda poco, las fotografías almacenadas en esta caja de botas, me remontan a las sensaciones de libertad que me daba el viajar y conocer, ahora la vida del adulto me está cada vez más amarrando a mi asiento de rueditas, busco con las ganas de hallar la oportunidad que no supe reclamar en su tiempo.

Tarde rosa.

  
                       (C) Yolanda Morales 

Estoy aquí en la parsimonia de mi vida, un pequeño remanso de paz hallado en medio de casas comunes y gente de trabajo, hoy por primera vez en todo este tiempo viene a mi la tranquilidad anhelada en estos meses, estoy sentada en una banca color rosa bajo el cobijo de los portentosos árboles, escuchando el cantar de las aves que endulzan mi tarde, esquivando insectos que van en camino de alimento y trepan en mis ropas para cruzar del otro lado de la banca, aquí es como si el tiempo no pasara, este contexto natural con toques de sol enaltecen mi espíritu que clamaba un poco de una tarde natural, así en medio de la selva de concreto, cómo el ser humano puede sobrevivir entre aceras secas y retorcidas con pedazos de lo que fuera un árbol e ignorar que la naturaleza esta muy próxima y puede de vez en vez darnos un espacio entre lo comercial y lo realmente humano.

una estrella, dos, tres…

Este sube y baja emocional va a terminar con mis nervios, quizá sea parte de la estadística que nombra a la mayoría de la población urbana como enfermos silenciosos del estrés, producto de la presión urbana, de los estándares consumistas, y en algún momento de mi camino olvidé la sensación de libertad, mi camino y verdadero rumbo, o es “parte del plan”, solo que sería agradable o mas reconfortante saber qué clase de plan…mientras tanto hoy es un día como tantos en el que llego al recinto laboral y paso la tarjeta checadora que marca los números en el que “inicia mi día”, pero lo que este reloj lleno de mecanismos no sabe es que, mi día ya comenzó y que el solo pasa el reporte para que validen mi salario. 

Actualmente trabajo mentalmente en desapegarme de todo aquello a lo que yo no pueda controlar, soy tan aprensiva que de nuevo esa compulsión por tener en regla todo esta apoderándose de mi, y si algo no sale como lo planee el mundo o mi espacio en él se colapsa, de modo que hoy alejada un poco de lo que he trabajado este tiempo en acomodar será la prueba de que no todo depende de mi y que habrá cosas que deban suceder y en ese momento es cuando se debe actuar y no siempre podre anticiparme a las cosas con tal de no poseer el control absoluto.

Respiro profundo y practico retomar lo que me salía tan bien, poner la mente en blanco y dejar de contar estrellas y prender y apagar faroles, solo poner el pensamiento en paz y permitirle a mi cabeza un rato de quietud pues ya son muchas noches sin descansar y llevarme a mi cama a todos los problemas…

Los puercos no vuelan.

Érase una vez un pequeño puerco rosado, que todos los días después del desayuno se echaba en la hierba de la granja a contemplar el cielo azul y las nubes de algodón, cada mañana lanzaba suspiros y de cuando en cuando soñaba que de su cuerpo redondito salían dos grandes alas que podía desplegar, que la brisa del campo el aroma a jazmines y paja le incitaban a volar, cada que sus alitas se abrían para comenzar el vuelo, ya fuera un ratón o un viejo pato le gritaban horribles frases para que él desistiera de su intento, mas sin embargo una mañana muy temprano antes de que los aguafiestas de siempre despertaran el puerquito levanto el vuelo y llegó muy cerca del sol, el aire acariciaba sus emplumadas alas, ante cada pirueta sus pesuñitas extendía y la cola enroscaba una y otra vez, así se estuvo un buen rato hasta que una vaca llena de manchas pasó junto a él y le susurró, lo que haces amigo puerco es una locura, no estás hecho para volar.

Nuestro valiente amigo ignoró ese amargo comentario, y entonces así fue como logró remontar el vuelo y llego tan alto que el planeta rojo fue colonizado por Martín el puerco volador.